A veces, cuando vemos un collar terminado, parece que simplemente está ahí. Lo vemos, nos gusta y pensamos en cómo quedaría puesto. Pero detrás de cada collar hay mucho más: un proceso de inspiración, bocetos, pruebas, cambios y muchas decisiones hasta llegar al diseño definitivo.
Y lo curioso es que no siempre empiezo de la misma manera.
A veces encuentro algo que me inspira: una fotografía, una combinación de colores, alguien que veo por la calle, una prenda, un viaje… Otras veces, simplemente, la idea aparece de repente en mi cabeza. Y en muchas ocasiones la inspiración surge al recibir un material, descubrir una piedra especial o ver juntas dos piezas que, hasta ese momento, no había imaginado combinar.
En este caso, la inspiración llegó sola
Eso es exactamente lo que me ha pasado con el collar multivuelta de piedras.
Podría decir que ha sido inspiración divina, porque la idea me llegó directamente a la cabeza en cuanto recibí las piedras blancas. Fue verlas y visualizar el collar. No tuve que darle muchas vueltas: cogí papel y me puse directamente a dibujarlo.
Aunque esto no significa que siempre sepa desde el principio cómo va a ser el collar.
Muchas veces la inspiración aparece antes que el diseño y, a partir de ahí, comienza todo un proceso de probar, cambiar y volver a probar. Lo que tengo en la cabeza al principio puede terminar siendo bastante diferente del resultado final.
Después llega el momento de elegir los materiales
Una vez tengo clara la idea, toca buscar los materiales que van a formar parte del diseño.
En este caso elegí piedras facetadas y perlas de nácar, buscando que combinaran entre ellas y que el resultado tuviera ese equilibrio que estaba buscando.
Y aquí es donde muchas veces ocurre algo que me encanta: cuando tienes todos los materiales delante, empiezas a ver nuevas posibilidades.
Lo que habías imaginado de una manera puede funcionar mejor de otra. Quizás una pieza queda demasiado grande, un color destaca demasiado o descubres una combinación que no habías pensado al principio.
Por eso, aunque haya un dibujo inicial, el diseño está siempre abierto a cambios.
El primer diseño nunca es el definitivo
Esta es probablemente una de las partes que menos se ven cuando compramos una pieza terminada.
Antes de llegar al collar final hay muchas pruebas.
Cambio detalles, colores, formas, largos, distribución de las piezas, cierres… Pruebo diferentes combinaciones hasta encontrar aquella que realmente funciona.
Porque no se trata solamente de que las piezas sean bonitas por separado. Todo tiene que tener sentido cuando está junto y, sobre todo, cuando el collar se lleva puesto.
Y entonces llega el diseño final
Después de todas esas pruebas llega el momento en el que piensas: “Ahora sí.”
Es entonces cuando el collar deja de ser una idea, un dibujo o un montón de piezas sobre una mesa y se convierte en una pieza real.
Una pieza que ha pasado por muchas pequeñas decisiones antes de llegar hasta ahí.
Y creo que precisamente eso es lo bonito de crear cada collar desde cero: cada diseño nace de una inspiración diferente y cada uno tiene su propia personalidad.
Puede que dos collares compartan materiales o colores, pero pequeñas variaciones en su forma, en la combinación de piezas o en la manera de llevarlos hacen que cada uno sea diferente.
Al final, cuando ves el collar terminado, solo ves la pieza. Pero detrás hay una idea, un dibujo, muchas pruebas y un proceso creativo que hace que cada diseño sea especial.
Y esa es, para mí, la parte más bonita de crear: ver cómo una idea que un día aparece en mi cabeza termina convirtiéndose en una pieza que alguien puede llevar y hacer suya.